sábado, 9 de mayo de 2015

¿Qué opina Vs. del derribo de la iglesia de San Francisco?

Preparando la conferencia sobre el derribo de los conventos del pasado 5 de Mayo tuve la oportunidad de volver a profundizar en una gran cantidad de material que hacía tiempo no tocaba. Por fuerza -tratándose de una charla de poco más de una hora-, no había tiempo suficiente para abordar todos los pormenores que me habría gustado.

Aspecto del interior de la iglesia del convento poco antes de su derribo.

Una de las cuestiones que dejé en el tintero fue el 'diario' del derribo del Convento de San Francisco, un diario que podemos reconstruir gracias a diversos artículos publicados por Emilio de Apraiz, arquitecto provincial de la época en que se suscitó aquél monumental crimen contra nuestro patrimonio.

Materiales producto del derribo del convento aún en el propio solar donde se erigía.

Con este post, pretendo comenzar una nueva serie de entradas cuyo objetivo es el de dar a conocer lo absurdo e inverosímil del 'caso San Francisco', publicando tanto los sucesos como las opiniones de los vitorianos de entonces, vitorianos que asistieron estupefactos a la enésima pantomima de esas de 'patio de colegio' a las que les tenían acostumbrados los concejales de su ayuntamiento (¡cuantas veces no hemos vuelto a ver -y vemos aún hoy día- escenas parecidas¡).

José Miguel de Barandiran, vitoriano de adopción, en tiempos de su rectorado en Vitoria.

Pues bien hoy me limitaré a recoger la opinión que vertía José Miguel de Barandiarán en el 'Heraldo Alavés'. Corre el año 1930 y el periódico titula del siguiente modo:

"Don José Miguel de Barandiarán, ilustre etnólogo, publicista y Rector del Seminario de Aguirre.

"Al señor Director del Heraldo Alavés. Mi distinguido amigo: Opino que la iglesia de San Francisco merece ser conservada por su interés artístico e histórico. El progreso de una ciudad no consiste sólo en adquirir formas y líneas nuevas, o en imitar servilmente los métodos de urbanización que la moda o la necesidad va imponiendo en otros pueblos. Consiste también en saber respetar lo hecho, si ello es educativo, aún cuando proceda de tiempos pasados [la negrita es del original y parece que pretende expresar ironía].

"Un monumento arquitectónico no es un simple conglomerado de piedras, cemento y madera. Es, ante todo, un giro espiritual propio de la época en que se hizo. Es un recuerdo que representa el saber y los gustos de las generaciones que nos precedieron. Constituye para nosotros una lección y un modelo que debe ser imitado o superado.

"Creo que la iglesia de San Francisco se halla en este caso, como lo han declarado antes de ahora diversas entidades y personas especializadas en estas materias. Mande a su afectísimo amigo q.e.s.m. [Firmado:] José Miguel de Barandiarán."    

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